I don't wanna breath, I just wanna live


Murió. Le mató la vida.
Le mató la vida por que él no tenía miedo a la muerte. Lo único que pudo acabar con su alma fue la vida, por que la muerte no llevaba la misma dirección que sus pasos.
Pero la vida le acompañaba en cada traspié, en cada suspiro, en cada mirada perdida. Le vió nacer y crecer. Estuvo presente en su primer beso, y en el último. Compartieron todo el optimismo y, cuando no le quedó ni una gota, ella le obligó a adoptar al pesimismo.

No necesitó ningún veneno, ningún cuchillo, no necesitó a la pena o a la soledad, le bastó recordar a la vida.
Le bastó recordar que, aquella que siempre le había acompañado, era la misma que estaba desarticulándolo por dentro.
Y cuando él consiguió olvidarla, ella lo alcanzó con sus tentáculos de tinieblas, tragándose lo poco que quedaba de él.

La vida lo mató, porque él nunca había confiado en la muerte. Pero sí en ella.
La vida lo mató, impidiéndole seguir cumpliendo los sueños de los demás, ahogándole entre los suyos propios, que se acumulaban bajo su caparazón de esperanza.

2 comentarios:

  1. Increíble esta entrada y todas las que he leído :) En definitiva, increíble tu blog! Escribes genial ^^ Sigue así! Me convierto en tu seguidora desde ahora mismo ;) Un besitoo!

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  2. Es un texto realmente alucinante, la verdad que me ha echo pensar muchísimo aunque casi que he preferido darle a 'increíble'. No puedo decirte más que eso, y que te sigo desde ya.
    Un beso.

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